La montaña rusa de la búsqueda de empleo

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Una de las experiencias que más tensión produce es la que tiene que ver con el despido y la posterior transición profesional a un nuevo puesto de trabajo.

Como si de una montaña rusa se tratara, las emociones entran en una suerte de subidas y bajadas vertiginosas; rápidos acelerones; paradas en seco; inesperados giros y tirabuzones que desafían a la gravedad.

La atracción del parque de diversión asusta y divierte. Es porque el circuito es cerrado, existen muchos elementos de seguridad y se conoce de antemano el desenlace.

Sin embargo, cuando estamos en búsqueda de una oportunidad para nuestro futuro profesional, la cuestión es bien diferente. El circuito particular de la búsqueda de empleo no es cerrado, sino todo lo contrario, abierto. Además, al no tener la seguridad de la reinserción es de final incierto.

De ahí que las emociones se desaten. Los pensamientos, sentimientos y evaluaciones hacia nuestra propia persona campan a sus anchas. Unas percepciones que, a su vez, están directamente relacionadas con los éxitos y fracasos cosechados en el intento por encontrar una reubicación satisfactoria en el mercado de trabajo.

Obviamente, cada caso es diferente y existe un riesgo a la hora de generalizar. Sin embargo, se detecta un patrón que se repite de forma frecuente en la mayoría de las personas que pasan por un proceso de recolocación.

Autoestima y desempleo

El gráfico 1 muestra la evolución del grado de autoestima a partir de la pérdida del empleo.

Gráfico 1. La montaña rusa de la búsqueda de empleo en solitario

Como podemos observar, el grado de autoestima va oscilando a medida que van pasando los meses y no aparecen los resultados esperados. Pero, vayamos por partes.

Sin lugar a dudas, uno de los factores más relevantes y que influye sobremanera en cómo se va a afrontar el proceso de reincorporación, es la forma en que se produce el despido e impacta en la persona despedida.

En general, los procesos de desvinculación laboral son bastante traumáticos y dejan secuelas que pueden tardar años en remitir. Ocurre, básicamente, porque no se cuidan las formas y porque hay un déficit notable en la preparación de los profesionales que han de realizar esa labor desagradable de comunicar la mala noticia.

A pesar de que existen metodologías contrastadas para desvincular a los empleados de forma más digna y humana, estos procesos de separación acostumbran a realizarse con un alto grado de arbitrariedad y se tiende a improvisar con métodos tan variopintos e imaginativos como pueda alcanzar la mente humana (véase el caso de Goodyear, que indemnizó a sus empleados con neumáticos).

Fase de optimismo

Una vez comunicada la noticia de cese y superada la fase de shock inicial (punto rojo del gráfico) se acostumbra a generar un efecto que podríamos denominar de “arrancada de caballo”: las personas se sienten capaces de encontrar de forma rápida y exitosa una nueva ubicación profesional. Es el primer tramo de nuestra montaña.

Se trata de una primera fase de optimismo, donde lo habitual es que se realicen muchas actividades englobadas en lo que sería una campaña de búsqueda de empleo muy activa: se redacta o mejora el currículum; se crean o mejoran los perfiles en las redes sociales; se interactúa más; se hacen cursos de diversa índole; se buscan anuncios de empleo en los portales habituales y se introducen los datos profesionales mediante los formularios correspondientes; se está al tanto de las publicaciones de empresas consultoras y de reclutamiento, y en algunos casos se empieza a mostrar interés por los cazadores de cabezas.

Aparece el entusiasmo derivado de los sentimientos de competencia, de la consciencia de nuestro valor profesional y de la capacitación para resolver por cuenta propia el reto de encontrar una pronta salida a la situación de desempleo.

Nos encontramos pletóricos, encaramados en la cima de nuestra autoestima. Las acciones que emprendemos están enmarcadas en un contexto de satisfacción, de ilusión y de esperanza.

En pocas semanas, hemos pasado del choque y la contrariedad que supuso la pérdida del puesto de trabajo a la sobreestimación de la identidad. Un espacio temporal en el que continuamente estamos tomando decisiones de vital importancia para nuestra carrera. Decisiones que se adoptan, por tanto, embargados por los diferentes estados emocionales.

No obstante, las alteraciones emocionales dificultan tener una visión clara y objetiva de la propia situación e impiden tomar decisiones coherentes y, por tanto, con acierto.

Fase de depresión

De esa realidad, se toma consciencia cuando no llegan pronto los resultados esperados. Con el paso del tiempo y el reconocimiento de algunos errores en nuestras acciones, la euforia inicial se va mitigando. Evidentemente, con sus correspondientes altibajos.

Algunos estudios señalan que el deterioro del grado de la autoestima empieza a ser palpable a partir del séptimo mes de búsqueda infructuosa. Es el comienzo de la bajada a los infiernos.

Se entra entonces en un periodo turbulento. La erosión de la identidad se produce por la asunción de la penosa realidad, la acumulación de rechazos a nuestra candidatura y las dificultades de saber cómo diantres acceder a un puesto acorde a nuestras necesidades.

A esta situación, se suelen sumar otro tipo de preocupaciones relacionadas con la etapa de la vida en la que se encuentre cada persona.

Es altamente probable que, en la transición de la mediana edad, la conocida como crisis de los 40, puedan aparecer las problemáticas asociadas a ese periodo: temas familiares que tengan que ver con el matrimonio y los hijos, revisión del sueño de juventud, ser uno mismo, asunción de la edad, angustias de tipo social o existencial.

Otro tanto ocurre en la transición de los 50, con los desasosiegos e inquietudes que suelen aparecer en ese período: cambios en el ritmo vital, revisión profesional, pensamientos de retiro, sentimientos de exclusión, temas relacionados con la salud u otros de carácter personal.

Todas estas cavilaciones acarrean juicios y creencias adversas que también golpean a la autoestima. El nivel de satisfacción con uno mismo disminuye y la persona puede llegar a poner en tela de juicio el rol profesional que puede desempeñar para la sociedad.

La fase depresiva puede instalarse durante varios meses, incluso más tiempo dependiendo de cada caso, hasta concluir en una nueva etapa adaptativa.

Fase de adaptación

La experimentación de todo este proceso, así como el aprendizaje obtenido, permiten adoptar plena consciencia de la realidad. La identidad se transforma, o bien al reanudar la actividad en un nuevo puesto, o bien al instalarnos en el desempleo.

Llegar a un desenlace o a otro depende de muchísimos factores. Entre otros, influyen los que tienen que ver con el esfuerzo, la perseverancia, la dedicación, la búsqueda de ayudas, la paciencia, el oportunismo y, también, la suerte.

Con todo, no cabe duda de que los procesos de búsqueda de empleo están fuertemente mediados por una gran amalgama de variables, situaciones y comportamientos, donde los sentimientos desempeñan un papel principal.

Por ese motivo, se trata de transiciones duras, complicadas y difíciles que, como ocurre en las montañas rusas, no están exentas de oscilaciones emocionales.

Unos vaivenes que pueden dejar cabeza abajo al más pintado durante un tiempo precioso, en el que se pueden estar desaprovechando múltiples oportunidades, para acabar lastrando las ansiadas aspiraciones profesionales.

La búsqueda de empleo acompañada

El abordaje por parte de los profesionales especializados en desarrollo de carrera debe ir encaminado a estabilizar esos perniciosos movimientos emocionales. Y debe ser así porque la confianza en uno mismo es una de las claves para afrontar una búsqueda con garantías de éxito

El objetivo prioritario es mantener un grado de autoestima continuadamente elevado. Para ello, el recurso más eficiente es el análisis de la trayectoria profesional.

Una buena evaluación de carrera permite profundizar en las diferentes variables que hacen ver a la persona la validez para otro emplazamiento profesional. Es decir, hay que ahondar en los elementos de autoconocimiento para formar una base sólida que permita proyectar con aplomo la candidatura.

De igual forma, las técnicas de búsqueda de empleo deben ir encaminadas, no sólo a formar y dar herramientas a las personas, sino a proporcionar la seguridad en ellas mismas necesaria y suficiente para afrontar el reto.

El gráfico 2 muestra la evolución del grado de autoestima a partir de la pérdida del empleo, mediante una búsqueda acompañada.

Gráfico  2. La montaña rusa de la búsqueda de empleo acompañada

Tener soporte en el proceso de búsqueda permite suavizar las fluctuaciones de nuestra particular montaña rusa emocional. La toma de decisiones se puede hacer ahora desde el raciocinio. De esa manera, se minimizan los errores en las elecciones profesionales que se van a tomar en todo el proceso de recolocación.

Adicionalmente, el apoyo experto resuelve antes el conflicto identitario inherente a los procesos de cambio. La erosión de la autoestima es menor, debido a que se tienen menos rechazos a la candidatura, menores sentimientos de exclusión o menos angustias. También, disminuyen los pensamientos y creencias limitantes.

Final de trayecto

Todos esos elementos hacen que se afronte la búsqueda con más convicción. Nuestra vagoneta dispone de buenos anclajes y nos sentimos seguros de llegar al destino final. Nos desplazamos por los raíles del convencimiento de la propia valía para un puesto adecuado. Y no solo somos más precisos a medida que avanzamos, sino que también somos más rápidos.

Nuestro circuito particular se acorta, debido a que la firmeza mental en la aptitud para encontrar un nuevo puesto actúa de catalizador para que se potencie la actitud frente al desafío. Aparece la añorada motivación por el logro, la energía necesaria para alcanzar con más celeridad la reanudación de la anhelada actividad profesional.

Carlos Girona Muñoz es consultor de carrera.

[ Total: 1 Puntuación: 5]
Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

2 comentarios en “La montaña rusa de la búsqueda de empleo”

  1. Muy buen artículo Carlos. La búsqueda del proyecto óptimo depende en gran medida de la actitud y de la capacidad para controlar las emociones y en esta fase es importantísimo apoyarse en herramientas que te conduzcan al éxito.

    • Gracias por tu comentario, Carlos. Efectivamenente, son muchas las variables que intervienen en estos procesos de transición, entre ellas las emociones. Ser consciente de ello nos puede ayudar notablemente en el camino hacia un nuevo proyecto profesional.

Deja un comentario